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DERECHOS HUMANOS DE LAS FFAA PERUANAS

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DERECHOS HUMANOS DE LAS FFAA PERUANAS

Mensaje  JoseCueva el Lun Nov 08, 2010 1:22 pm

La Constitución del Perú protege a cada ciudadano de nuestra nación. Ultimamente se Habla de los Derechos Humanos y ello esta bien. El problema surge cuando cierta prensa, ONGS, lideres de opinión y brazo legal del terrorismo atacan sin argumentos y difamatoriamente al honorable personal de nuestras FFAA. Los valores y principios de una Nación ,se esfuman en una campaña agresiva de desprestigio. Los hombres honorables que defienden a su Nación , son perseguidos y acusados. Ejemplo inaudito es la acusación de nuestros héroes vivos de la Operación más exitosa de comandos del mundo:Chavín de Huántar.

José Cueva

Un discurso que gráfica estos hechos.



Rafael Rey: Discurso en la Ceremonia de Condecoración con la Orden Militar "Francisco Bolognesi" en el Grado de Gran Cruz

Queridos amigos: Al ser condecorado hace pocos días, por el Ejército Peruano, el ex ministro de Defensa Rafael Rey Rey pronunció un discurso memorable en el que, una vez más, hizo honor a la verdad y a la justicia. Lo comparto aquí con ustedes. Víctor
Lunes, 08 de noviembre del 2010 | Autor: victor robles sosa
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Discurso en la Ceremonia de Condecoración con la Orden Militar “Francisco Bolognesi” en el Grado de Gran Cruz - (03/11/10)
Al agradecer sinceramente la condecoración, con la que han querido honrarme y que me compromete aún más, si cabe, con el Ejército Peruano, quiero aprovechar la oportunidad para agradecer no sólo la distinción que me hacen, sino otras cosas.
Deseo agradecer al Ejército y a cada uno de sus integrantes por todo lo que han hecho y hacen por nuestro país. El militar, del Ejército, de la Marina y de la Fuerza Aérea, repetiré una vez más, es el único profesional –a diferencia de cualquier otro que se prepara para servir a la sociedad ofreciendo su vida por la de los demás. Esa singularidad, esa disposición de sacrificio supremo, es olvidada injustamente por muchos con demasiada frecuencia.
Como ningún otro empleado público, el militar es enviado, sin consulta previa y sin que tenga que contarse con su consentimiento, a donde se le necesita. Salvo excepciones voluntarias, que también las hay y muy meritorias, un soldado no elige su destino. Va donde lo envían, a cumplir una misión que le asigna el Estado. No hay derecho, entonces, que el mismo Estado no le brinde las garantías legales para cumplir con ella.
Y constituye una gran injusticia que, por cumplir con la tarea que se le asigna y que no elige -pero que cumple con sacrificio, con valentía y con la mejor voluntad- muchas veces sea víctima de acusaciones falsas que afectan su honor, su carrera, su tranquilidad y desgraciadamente su economía. Por eso son importantes los decretos legislativos aprobados recientemente, sobre el Empleo de la Fuerza y la Justicia Militar –que los caviares ya están buscando que se deroguen- y por eso era importante también el Decreto 1097 que corregía las injusticias que se dan en los procesos judiciales a militares pero que, debido a las mentiras de algunos y los miedos de otros, fue vergonzosamente derogado. Es un deber pendiente del Estado y de sus altos funcionarios rectificar ese error y solucionar, además, el otro problema relacionado con este: establecer el mecanismo que permita al Ministerio de Defensa contratar abogados de primera línea, para la defensa de quienes son acusados y corregir la injusticia de que esa defensa deba estar únicamente en manos de gente que trabaja con la mejor voluntad pero que tiene poca experiencia y cuyos honorarios son cubiertos por aportes voluntarios de solidaridad de todo el personal militar o por la menguada economía del propio acusado y de su familia. La ley manda que si un funcionario público es acusado en razón del desempeño de sus funciones, la entidad en la que trabaja tiene el deber de contratar al defensor legal que solicite el funcionario.
En todos los ministerios se procede así. Como Ministro de Producción tuve que cumplir ese deber muchas veces y lo he tenido que hacer también como Ministro de Defensa. Pero sólo he podido hacerlo cuando de por medio estaban funcionarios civiles. Increíblemente no he podido hacerlo con los militares porque algunos enredos legales lo impiden y porque, a diferencia de otros sectores, en el de defensa hay más de mil procesados y no hay suficiente presupuesto para hacerlo. Dejé listo el Decreto Supremo que solucionaba el problema pero he sido informado que el Decreto no sería aprobado.
Se olvida también con frecuencia, que detrás de cada soldado hay una familia: cónyuge, hijos, padres y hermanos, que se alegran o se apenan, gozan o sufren, con las alegrías o tristezas de sus familiares militares. Cuando se les acusa injustamente, cuando cambian de destino, cuando participan en alguna misión especialmente arriesgada, cuando son enviados a una zona en emergencia, las familias comparten las preocupaciones de sus parientes y muchas veces sufren las dificultades que se originan. Los militares, a diferencia de los demás empleados públicos no cobran horas extras. Están disponibles las 24 horas al día, los 365 días del año. Muchas veces no pueden hacer uso de sus vacaciones, no pueden acumularlas y a cambio nada reciben. No tienen 14 sueldos al año y encima, cuando pasan al retiro reciben una ridícula compensación por tiempo de servicios. Por eso es injusto que no se mejoren las remuneraciones y peor aun que se pretendan eliminar los beneficios pensionarios en la forma en que se ha planteado. Qué culpa tienen los militares en general de que el sector político, algunos gobiernos y algunos congresos, hayan legislado con demagogia afectando el sistema de remuneraciones y el sistema pensionario. Otra deuda moral que hay que pagar. Que no quede duda alguna, ahora puedo decirlo, la iniciativa del MEF sobre este tema fue enviada al Congreso sin haber sido consultada formalmente al Consejo de Ministros, y lo mismo sucedió con los irresponsables recortes al presupuesto de las FFAA. Se mal informó al Consejo y al Congreso sobre de donde se obtendrían los recursos para financiar los prometidos aumentos y terminamos descubriendo que para ello se afectaron, sin consulta y sin tener en cuenta las consecuencias, las partidas de alimentos, de uniformes, de combustible, de viajes, de repuestos, de mantenimiento y de remuneraciones. El Congreso tiene ahora la responsabilidad de corregir ese despropósito.
Pero además de lo anterior, resulta especialmente importante el apoyo que nuestros militares merecen y necesitan. El reconocimiento de su sacrificio, no sólo debe expresarse en términos legales y económicos. Tiene que expresarse en términos morales. No hay peor forma de ingratitud que la que se expresa a través de la indiferencia. Y esta se expresa de diversas maneras. A través de comentarios y publicaciones periodísticas y a través de acciones y omisiones injustas. Es, por ejemplo, una ofensa moral rendir homenaje en conjunto y sin distinción, a quienes nos defendieron del terror y a los terroristas que lo causaron. A quienes atacaron a la sociedad y a los que la defendieron. Ni siquiera la “reconciliación” de la que algunos hablan, pero que por vergüenza se cuidan de no explicar entre quienes debe darse, puede ser excusa para incurrir en ese error. Se escuchan y se leen, con demasiada frecuencia, comentarios y escritos sobre los DD.HH, pero en ellos casi nunca se hace referencia a los DD.HH de los militares a quienes también les corresponden. Al contrario, lo ordinario es que a ellos se les imputen las violaciones sean estas reales o imaginadas.
Ahora bien, siendo cierto todo lo anterior, también lo es que felizmente muchísimos peruanos tienen gratitud por lo que hacen los militares por el resto de la sociedad y sienten que la deuda moral existe. Que el recuerdo de esa realidad evite que, la indiferencia de algunos y la mala entraña de otros, los lleve a sentirse ineficaces o deudores con el país. Todo lo contrario. El país está en deuda con ustedes.
Me consta que cada uno de los condecorados hoy ha puesto lo que estaba en sus manos para intentar corregir las injusticias que he mencionado y sé que sienten como suyos los problemas por los que atraviesan nuestras FFAA y sus integrantes. Para mí fue un orgullo tenerlos de colaboradores. Podría contar muchas anécdotas de cada uno. De cómo me ayudaron y de cómo trabajaron con ese fin. No lo haré para no extenderme. Sé que lo hicieron sintiendo que cumplían su deber y por cumplir el deber no se deben esperar felicitaciones. Pero yo quiero dejar testimonio personal de lo agradecido que estoy con cada uno de ellos.
En nombre de todos los condecorados y en el mío, quiero agradecer al Ejército por la distinción que nos hacen con esta condecoración y por todo lo que hacen por nosotros y por el Perú.

JoseCueva
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